Mamá, no sé porqué lloro

A veces nos podemos encontrar con alguna situación que nos hace tambalear nuestra vida, nuestra rutina, nuestra estabilidad en todos los sentidos, pero como personas adultas tenemos, siempre y cuando la situación no nos supere, la capacidad introspectiva de poder gestionar nuestras emociones y nuestro mundo interno. Pero hemos de tener presente que esto mismo no les sucede a los niños/as o incluso a muchos adolescentes, porque ellos a diferencia que muchas personas adultas, ni entienden ni saben como gestionar todo lo que acontece en su mundo respecto a estas vivencias o acontecimientos traumáticos que suponen para ellos un gran impacto emocional, sirva de ejemplos casos de diferente magnitud traumática: la muerte de su padre/madre o algún familiar próximo, un accidente de tráfico que ha presenciado o cualquier otro tipo de catástrofe, ser víctima de malos tratos o testigo de ello, separación de sus padres, o incluso puede ser traumático para ellos el mismo crecimiento y el cambio de etapa evolutiva, como es el paso de la infancia a la adolescencia.

La mayoría de padres no saben cómo actuar para ayudar a sus hijos delante de una situación traumática, y a veces equivocadamente estos padres suelen evitar mostrar sus sentimientos, hablando poco o nada del tema sin darse cuenta de que con este comportamiento están enseñando a actuar de manera igual, por lo que estos niños y adolescentes acallarán también sus sentimientos. Cuantas veces hemos escuchado de alguien frases espectacularmente dañinas que enseñan a no exteriorizar ni los sentimientos ni las emociones, sobre todo destinada a los niños y adolescentes varones: “los chicos no lloran”, “hay que ser fuertes”, “si yo no lloró tu debes hacer igual”, y un largo etcétera de frases estrellas adscritas a esas familias consideradas por ellas mismas como “familias ejemplarizantemente fuertes”.

Los niños y adolescentes están creciendo a cada instante tanto física, mental, emocional como espiritualmente, lo que les ayuda a ir comprendiendo lo que representa un hecho traumático, pero para llegar a la compresión se necesita que los adultos que le rodean le ayuden a este paso.

Habrá que tener muy en cuenta además de la edad del niño, su percepción de los conceptos. Es importante que los padres hablen de lo que sucede, por ejemplo si hay una rotura entre ellos que les lleva a la separación, es importante responder a todas sus preguntas, si el hecho es la muerte de un familiar o uno de sus padres, es importante que se le tenga en cuenta, que pueda despedirse de este ser querido, si no se ha podido despedir ayudarle en las miles de preguntas que tienen como en sus silencios. Es necesario que las personas adultas que están al lado de estos niños y adolescentes, les ayuden en su sufrimiento y dejen que el proceso del duelo haga su camino. Es frecuente encontrarnos que niños que ya entienden lo sucedido pero que aún son demasiado pequeños, pospongan inconscientemente el “trabajo del duelo” y lo elaboren en la adolescencia o de adultos. Probablemente el suceso marcará su vida, aunque esto no quiere decir que vaya a crearle algún tipo problema grave o patología.

Personalmente pienso que no se debe temer porque se noten ciertos cambios en su carácter como baja autoestima, timidez, ensimismamiento y aislamiento, euforia, etc, estos entran dentro de la normalidad, siempre y cuando no se mantenga la intensidad y se posterguen en el tiempo, o sea, se cronifiquen. Es normal que niños o adolescentes digan tanto en un periodo cercano como lejano al hecho: “mama/papa no se porque lloro”, “por mis ojos caen lágrimas y no entiendo porque”, “no tengo ganas de nada”, “dejarme tranquilo, no me quiero saber nada”, frases que realmente demuestran una sintomatología depresiva pero que no por ello hemos de alarmarnos, están gestionando su duelo.

Llegué por el dolor a la alegría.


Supe por el dolor que el alma existe.


Por el dolor, allá en el reino triste,

un misterioso sol amanecía.


José Hierro.

Para mi pequeña Mariona y sus miles de preguntas que me hacen aprender más de la vida.

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Publicado el enero 12, 2014 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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