Archivos Mensuales: enero 2014

¿¿ADOLESCENCIA=CONFLICTOS??

 

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La adolescencia es por definición una etapa conflictiva, así lo exponen cientos de grandes eruditos del estudio de esta etapa evolutiva, y yo me pregunto ¿porque?. Es tan fácil extrapolar un estudio de los llamados empíricos y con la firma de autores reconocidos a toda la sociedad adolescente, es tan fácil aplicar la categoría de conflictivos, maleducados, porreros, alcohólicos, etc…. En mi trabajo me encuentro delante de chicos y chicas que sufren porque su vida entera cambia: su cuerpo, su manera de afrontar el día a día, las relaciones con sus padres porque dejan de ser niños, rol del cuál muchos de ellos no quieren dejarlo siendo un duelo bastante duro. A todo ellos se le debe de sumar el nuevo reto como es el cambio del colegio al instituto y lo que todo eso conlleva, nuevos amigos, nuevos profesores, nuevas expectativas de los padres etc….. Yo asemejo el cambio del adolescente a un nuevo nacer y ese nacimiento es duro, doloroso, frustrante, da miedo y terror, porque nace su nueva identidad, la cual muchas veces no es aceptada por sus propios padres, ya que estaban acostumbrados a tener delante de ellos un niñ@ que obedecía y ahora tienen delante un chic@ con sus propias ideas y a veces discordantes con las de sus progenitores, y por eso simplemente “son conflictivos”.

 

Durante los años que dura esta etapa evolutiva la mayoría de chicos y chicas viven un tiempo de inseguridad, miedo, confusión, son impulsivos y tienen poca o ninguna tolerancia a la frustración, por lo cual las tensiones surgen con facilidad, pero no por ello estamos delante de un adolescente con problemas de conducta, ya que un hijo adolescente no tiene por qué ser sinónimo de hijo conflictivo y rebelde. Es importante que los padres que se vean superados por la situación que viven con su hij@ adolescente, ya que como padres también tenemos nuestras inseguridades y debilidades, busquen ayuda cuando les resulta muy complicado y necesiten ayuda para seguir adelante, y así se podrá evitar caer en el craso error de centrarse demasiado en la “conducta” y olvidar el “plano afectivo”, el cual a mi parecer es uno de los más importante en que nos tenemos y debemos de centrar cuando tenemos un adolescente.

 

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Mamá, no sé porqué lloro

A veces nos podemos encontrar con alguna situación que nos hace tambalear nuestra vida, nuestra rutina, nuestra estabilidad en todos los sentidos, pero como personas adultas tenemos, siempre y cuando la situación no nos supere, la capacidad introspectiva de poder gestionar nuestras emociones y nuestro mundo interno. Pero hemos de tener presente que esto mismo no les sucede a los niños/as o incluso a muchos adolescentes, porque ellos a diferencia que muchas personas adultas, ni entienden ni saben como gestionar todo lo que acontece en su mundo respecto a estas vivencias o acontecimientos traumáticos que suponen para ellos un gran impacto emocional, sirva de ejemplos casos de diferente magnitud traumática: la muerte de su padre/madre o algún familiar próximo, un accidente de tráfico que ha presenciado o cualquier otro tipo de catástrofe, ser víctima de malos tratos o testigo de ello, separación de sus padres, o incluso puede ser traumático para ellos el mismo crecimiento y el cambio de etapa evolutiva, como es el paso de la infancia a la adolescencia.

La mayoría de padres no saben cómo actuar para ayudar a sus hijos delante de una situación traumática, y a veces equivocadamente estos padres suelen evitar mostrar sus sentimientos, hablando poco o nada del tema sin darse cuenta de que con este comportamiento están enseñando a actuar de manera igual, por lo que estos niños y adolescentes acallarán también sus sentimientos. Cuantas veces hemos escuchado de alguien frases espectacularmente dañinas que enseñan a no exteriorizar ni los sentimientos ni las emociones, sobre todo destinada a los niños y adolescentes varones: “los chicos no lloran”, “hay que ser fuertes”, “si yo no lloró tu debes hacer igual”, y un largo etcétera de frases estrellas adscritas a esas familias consideradas por ellas mismas como “familias ejemplarizantemente fuertes”.

Los niños y adolescentes están creciendo a cada instante tanto física, mental, emocional como espiritualmente, lo que les ayuda a ir comprendiendo lo que representa un hecho traumático, pero para llegar a la compresión se necesita que los adultos que le rodean le ayuden a este paso.

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