Archivos Mensuales: septiembre 2013

En un buen aprendizaje no solo se utiliza la inteligencia!!

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Personalmente estoy “algo” cansada de escuchar voces experimentales que apoyan como puntal magnánimo, tanto para el logro académico como el aprendizaje, a “la inteligencia”. Sí que es verdad que esta es la capacidad para entender, asimilar, elaborar y utilizar información adecuadamente, pero no solo este factor es el que juega de manera unilateral a la hora de establecer un buen aprendizaje, ya que si no estaríamos delante de un reduccionismo sin igual (aunque muchos profesionales abogan y como no, se ahogan, dentro de este reduccionismo). Cada vez hay más estudios que apuntan a una interrelación tanto de factores intrapersonales (inteligencia, motivación, emociones, autoconcepto, autoestima, etc) como interpersonales (familia, profesores, amigos, compañeros, etc) para la adquisición de un aprendizaje, ya sea académico o no.

Uno de esos factores intrapersonales al que le doy mucha importancia es el autoconcepto.  Este se encuentra en un proceso continuo entre la valoración que se hace uno mismo con la valoración que hacen los demás de uno mismo. Por lo tanto, un niño/adolescente puede anticipar el resultado de su conducta a partir de las creencias y valoraciones que hace de sus propias capacidades, es decir, genera expectativas de éxito o de fracaso que repercutirán sobre su motivación y rendimiento, y por lo tanto en su aprendizaje. El rendimiento, ligado al autoconcepto y a la motivación, depende en un alto grado de la capacidad creída o percibida, y cuando un niño/adolescente tiene confianza en “su capacidad de éxito” en una tarea, ya sea escolar o no, aceptan el desafío planteado y se esfuerzan en realizar la tarea. Toda esta confianza en sus capacidades genera una gran autoconfianza y autoestima, la cual debe ser cuidada y fomentada desde casa, ya que son los padres en primera instancia los que ayudan a través de sus cuidados y amor la autoestima del niño.

En cuanto a las emociones, estas son estados afectivos que indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos, las cuales influyen en el modo en como se percibe una situación y se valora. Cada persona experimentamos una emoción de forma particular, ya que depende de nuestro carácter y de nuestras experiencias o aprendizajes. Comprenderlas, procesarlas y manejarlas es una experiencia de aprendizaje, ya que estas son aceleradoras o inhibidoras del proceso de pensar cuando iniciamos, dirigimos y controlamos operaciones mentales, desempeñando un papel fundamental en nuestras vidas. Es importante conocerlas bien cómo se desarrollan y cómo afectan en nuestras adaptaciones tanto personales como sociales.

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